A medida que el tsunami de la inteligencia artificial se extiende por el mundo laboral y altera radicalmente cientos de millones de puestos de trabajo, casi 1.000 millones de los llamados "trabajadores del conocimiento" van a verse afectados en todo el mundo y 14 millones de puestos de trabajo van a ser eliminados.


El impacto de la IA solo es uno de los grandes cambios estructurales que van a definir a la economía mundial en las próximas décadas. Pero, mientras los profesionales de cuello blanco se enfrentan a un mercado laboral turbulento y a salarios que van en descenso, un amplio e inesperado segmento de la población activa puede estar a salvo de la tecnología: los trabajadores manuales.


Los oficios cualificados, el trabajo manual intensivo y los empleos que requieren una combinación de trabajo físico, social y de conocimiento no van a verse alterados. De hecho, a medida que se consoliden otras tendencias a largo plazo, muchos de estos perfiles de la clase trabajadora van a estar preparados para una explosión de empleo.


Conforme los empleados de mayor edad empiecen a jubilarse en masa (tal y como está previsto), dejando atrás miles de puestos de trabajo vacantes, y a medida que aumente la demanda de asistencia sanitaria, energía renovable, tecnología punta y obra de nueva construcción, los empleos manuales van a experimentar un auge sustancial.


ChatGPT no va a reemplazar a la enfermera que te atiende en el hospital ni al peón de la construcción que reforma tu cocina. Puede que los ganadores de la revolución de la inteligencia artificial acaben siendo los técnicos, los enfermeros y los fontaneros que mantengan la economía en funcionamiento después de que las máquinas hayan tomado el control de las oficinas.


Esta nueva economía podría ser una bendición para la clase trabajadora


Intentando describir la naturaleza del trabajo en las fábricas en los años 90, el poeta estadounidense Philip Levine escribió: "Estamos de pie bajo la lluvia / en una larga cola esperando en Ford Highland Park. Para trabajar. / Ya sabes lo que es el trabajo".


En aquella época, los puestos de trabajo de las fábricas del Medio Oeste de Estados Unidos habían disminuido, la búsqueda de empleo se volvió indecorosa y la naturaleza del trabajo se volvió monótona y alienante. El declive de la industria manufacturera se aceleró rápidamente a principios de los 2000, cuando la globalización se llevó las fábricas al extranjero, se automatizó el trabajo poco cualificado y la economía se orientó hacia el trabajo de oficina (con la llegada de Internet).


En la actualidad, se está produciendo un esperanzador cambio de tendencia en los empleos manuales. Mientras los trabajadores del conocimiento luchan contra la rápida desaparición de puestos de trabajo en remoto, sectores como la de fabricación de microchips sufren problema opuesto: tienen demasiados puestos de trabajo por cubrir.


Y esto es así en todas las clases trabajadoras. Dos años de un mercado laboral históricamente ajustado y de bajo desempleo han impulsado al alza los sueldos de los empleados con rentas medias y bajas, estimulando un auge del empleo obrero que, por ejemplo, en EEUU ha generado 9,6 millones de vacantes en todo el país, alcanzando lo que los economistas denominan "pleno empleo".


En la próxima década, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos prevé que las ocupaciones de más rápido crecimiento sean las de sanidad, transporte, energías renovables y fabricación de tecnología punta.


Casi la mitad de los empleos creados pertenecerán a los sectores sanitario y de apoyo social. En 2032, se espera que uno de cada seis nuevos trabajadores sea auxiliar de asistencia sanitaria o personal a domicilio. En el caso de la construcción, que ha añadido 15.000 empleos al mes durante el último año, también tiene margen para seguir creciendo.


Aunque se prevé que el empleo en el sector industrial en su conjunto se mantenga estable, el gasto en esta industria ha crecido hasta alcanzar los 200.000 millones de dólares anuales (unos 186.000 millones de euros al tipo de cambio actual), triplicándose así en los últimos cinco años.


Además, se espera que algunos sectores crezcan considerablemente. Por ejemplo, la industria de equipos eléctricos y semiconductores prevé un crecimiento anual del 3% durante la próxima década. La fabricación de chips seguirá siendo una prioridad y eso significa la creación de muchos puestos de trabajo bien remunerados que solo requieren de estudios secundarios.


"En la industria manufacturera va a haber una gran demanda de puestos de trabajo de técnicos no titulados", asegura Mark Muro, experto en tecnología y desarrollo de la mano de obra y director de políticas de la Brookings Institution. En la fabricación de chips, aproximadamente el 50% de los empleados principiantes solo tienen la educación secundaria (frente al 38% del resto de sectores).


Volviendo al ejemplo de EEUU, en los próximos 10 años, a medida que la industria mundial de semiconductores se prepare para alcanzar el billón de euros de facturación, se añadirán otros 50.000 puestos de trabajo para perfiles como ensambladores eléctricos o técnicos industriales.


Aunque no todos los empleos de la clase trabajadora van a estar a salvo de la automatización (los trabajadores del comercio minorista no tienen un panorama especialmente halagüeño), se ha producido una mejora generalizada para los empleados con ingresos más bajos.


El impacto inicial de la pandemia afectó sobre todo a los trabajadores con salarios bajos, pero la recuperación desde entonces ha sido más prometedora. Los sueldos han crecido casi tres veces más rápido que en cualquier otro periodo de recuperación.


En Estados Unidos, los salarios del 10º percentil más bajo de la población activa —que gana una media de 12,50 la hora— crecieron solo un 3,9% entre 2009 y 2017, pero, de marzo de 2020 a marzo de 2022, crecieron un 5,7%. A pesar de la inflación, los salarios reales de los obreros, los mandos intermedios y los trabajadores con sueldos bajos y medios son más altos que antes de la pandemia.


Otros barómetros económicos también muestran mejoras constantes que probablemente sigan así. En la última década, la tasa de pobreza de EEUU ha descendido del 14,8 al 11,5%. El patrimonio neto del hogar medio del 50% más pobre de los estadounidenses ha aumentado más de un 45% desde antes de la pandemia.


Si se consigue evitar que se produzca una recesión, el mantenimiento de un mercado laboral ajustado seguirá impulsando los salarios, reduciendo aún más la tasa de pobreza y aumentando los ingresos y el patrimonio neto de los hogares.


A este viento a favor se suma la adopción de la IA, que probablemente aumentará la demanda de esos puestos de trabajo, lo que se traducirá en un mayor crecimiento de la productividad durante la próxima década. El aumento de la productividad en la construcción sería una bendición para el crecimiento económico, ya que la escasez de vivienda sigue siendo uno de los problemas más acuciantes.


¿Quién está a salvo de la inteligencia artificial?


En un reciente informe del Foro Económico Mundial y Accenture se analizaron 19.000 tareas individuales pertenecientes a casi 900 profesiones para determinar en qué medida podrían verse afectados esos perfiles por la IA.


Las conclusiones fueron bastante claras: los empleos con un alto grado de interacción personal y tareas físicas no rutinarias son los que menos se verán afectados por la inteligencia artificial. Otras previsiones recientes de la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense y McKinsey han llegado a conclusiones similares.


"Lo que caracteriza a los trabajos físicos que son más seguros para los próximos cinco o diez años es que están en un entorno impredecible", afirma Kweilin Ellingrud, director del McKinsey Global Institute. "Si está en un entorno físico predecible y es repetitivo, o un robot —antes incluso de la IA generativa— o algún tipo de inteligencia artificial puede automatizarlo para hacerlo bien".


Una de las explicaciones más influyentes es el llamado cambio tecnológico basado en la cualificación, una teoría según la cual las funciones rutinarias susceptibles de automatización e informatización van a ver disminuir sus sueldos, mientras que las funciones no rutinarias que requieren destreza o interacción humana van a experimentar un aumento de su demanda y de sus salarios.


Eso es lo que han constatado estudios recientes: empleos como el de instalador de aire acondicionado, profesor o peluquero, es decir, trabajos no repetitivos, van a salir relativamente indemnes de la revolución de la IA.


Una investigación dirigida por OpenAI, la desarrolladora de ChatGPT, ha revelado que el 4% de los empleados, incluidos pintores, carpinteros y techadores, no realiza ninguna tarea que pueda verse afectada por la inteligencia artificial.


Y, aunque la tecnología podría acabar infiltrándose en más de una de estas funciones, fundamentalmente no pueden ser sustituidas por máquinas. Ellingrud explica: "Aunque tengamos Roombas, seguimos teniendo limpiadoras domésticas, porque la Roomba no puede hacer mucho y no es tan eficaz".


En lugar de sustituir esos trabajos, es probable que la IA beneficie a determinadas profesiones, facilitando las tareas más rutinarias. Las enfermeras, por ejemplo, podrían dedicar menos tiempo a recopilar e introducir información en el sistema de historiales médicos. Del mismo modo, el sector de la construcción podría beneficiarse de nuevas tecnologías como drones con inteligencia artificial para hacer inspecciones o sensores con IA que tomen medidas, aligerando así la carga de trabajo.


"Es posible que se produzca una bifurcación dentro de estos perfiles en la que se mantenga el trabajo físico práctico, pero la inteligencia artificial generativa lo asuma y sustituya gran parte de la supervisión de la gestión", argumenta Muro.


El director de políticas de la Brookings Institution añade: "Hay trabajos que se encuentran en un punto intermedio en el que el trabajo físico puede permanecer, pero la supervisión puede estar más expuesta". En lugar de sustituir a los empleados, este tipo de integración podría ayudar a que ese tipo de perfiles sean más productivos, tengan más demanda y ganen más dinero.


Suelo firme


Los trabajos manuales no solo están a salvo del impacto de la IA, sino que, gracias a esta tecnología, también son más seguros.


La adopción de la inteligencia artificial en el lugar de trabajo puede ayudar a mejorar la seguridad mediante la supervisión en tiempo real de los riesgos y las alertas en caso de que se produzcan problemas con los equipos o lesiones por parte de los empleados.


En Estados Unidos, cada año se producen 2,7 millones de lesiones en el trabajo y más de 5.000 muertes como consecuencia de accidentes laborales, por lo que cualquier mejora sería significativa.


Aunque muchos de estos puestos de trabajo pueden ser física o emocionalmente exigentes, van a ser estables. En términos generales, los empleos que saldrán ganando con la llegada de la IA son los de buena calidad, que ofrecen horarios de trabajo estables, movilidad ascendente y apoyo a la carrera profesional, así como "una remuneración justa y un cierto grado de participación", indica Muro.


A medida que la economía se vuelve cada vez más precaria por culpa de la inteligencia artificial, los ganadores de esta revolución no necesitarán ser expertos en tecnología como ha ocurrido de un tiempo a esta parte, sino que les bastará con seguir dando el callo.


Actualidad Laboral / Con información de Business Insider