Perspectivas
Poder elegir


La semana pasada reservé un espacio para tomar un café con un amigo que hacía tanto tiempo no veía. Como todo el mundo, agobiado por la situación del país, me comentaba que lo más doloroso para él era la imposibilidad de elegir. Narraba, en tono filosófico como nos fuimos quedando sin espacios, que no podíamos elegir dónde hacer un picnic con los chamos, que no había sitios públicos “sanos” para llevarlos, que estamos confinados a vivir en cápsulas en una ciudad que es bella y que merece la pena rescatar y que nuestra incapacidad de elegir las cosas más básicas afecta incluso las oportunidades de nuestros hijos.

Me narraba uno de sus peores dramas, el no poder elegir el mejor colegio para su hijo. Con dolor me decía que debió hacer colas desde la madrugada para obtener planillas, que debía pedir recomendaciones a gente que no conocía, que les llamaron a dos entrevistas de los 6 colegios donde madrugó para buscar planillas y que igual, una vez evaluado el niño los cupos equivalían al 7% de las solicitudes. De acuerdo a las leyes de la probabilidad una vez considerados los cupos preferentes de hermanitos, primos y allegados a estos colegios, era realmente posible que no les llamaran de ningún colegio a pesar de todo el sacrificio previo.

Lo que es peor, el niño en cuestión es un genio. Lo conozco, a menudo juega con los míos y sé que a pesar del drama de su padre será un niño exitoso, pues su mejor colegio ya fue elegido por su padre: su familia. Además, ya es un niño feliz y eso mucho más de lo que algunos tienen.

Yo crecí entre maestros. Mis papás son maestros, mis hermanas también. Algún día, si me queda tiempo en la vida, quisiera ser maestro también. Por ello, me resulta imposible masticar que alguien no pueda elegir el lugar donde su hijo se formará en habilidades para la vida. Me resulta indignante que alguien pase tanto trabajo para poder darle a su hijo una educación y que la gente no tenga solución posible. Yo estudié en un colegio público toda mi primaria, mi padre educó en ese colegio a varias generaciones durante más de 30 años. Hoy, dudosamente recomendaría a alguien algún colegio público, pero definitivamente no hay posibilidad de elección para muchos.

Para colmo, hoy escucho en la radio que el índice de niños asistiendo a los colegios públicos va en descenso desde las últimas memorias y cuenta del Ministerio de Educación. Es decir, hoy menos que ayer hay niños con acceso a educación.

En este rollo, ni los que pueden pagar se salvan. Con la Educación en Venezuela ocurre lo mismo que con los productos escasos; al no haberlos da igual que tengas posibilidad de pagar por ellos, vas a terminar comprando muy costoso uno que no necesariamente es de la mejor calidad. El problema no es si comemos mantequilla o margarina, es cómo se están educando nuestros hijos. Este drama del entorno me obliga una vez más a recordar el poder de elegir, ese que mi amigo sostenía no tener.

Pasamos nuestra vida martirizados por tener que tomar decisiones todos los días, pero sin lugar a dudas es un derecho humano poder elegir. Desde que nos despertamos elegimos qué comer, cómo vestir, el ritmo en que vamos, la ruta de la mañana. Todas estas decisiones son tomadas sin pensarlas. No pasa lo mismo con nuestra educación y la de nuestros hijos pues esto lo pensamos con detenimiento.

Mis amigos que enseñan se quejan de la calidad de los estudiantes. Mis amigos que son padres se quejan de lo difícil que es garantizar un buen colegio para sus hijos; los que tienen un buen colegio se quejan de los maestros; los que tiene buenos colegios y buenos maestros se quejan de algunos amiguitos de sus hijos que dicen y hacen barbaridades (no importa el estrato social). Pero todos ellos tienen algo en común, por mucho que elijan lo mejor, nada les garantiza el resultado final, salvo aquella porción en donde son ellos quienes determinan el resultado.

Igual pasa con los candidatos a un empleo. El mejor “educado” no es necesariamente el mejor, y aunque su educación sea un factor realmente importante, esta persona no es el mejor por su propia elección.

En muchas cosas nos vamos quedando sin poder de decisión, prácticamente esperando que nos escojan, que llegue el producto, que no se acabe lo que necesitamos al llegar a la caja registradora, que nos llamen del potencial colegio donde quieres que tu hijo estudie. Sin embargo, es hora de hacer énfasis en lo que realmente depende de nuestra elección pues aún la tenemos.

No dejemos que nos quiten el poder de elegir lo que aún podemos elegir. Tener esperanzas, ser feliz, amar lo que hacemos, ser buenos padres, hijos, ciudadanos, trabajadores, jefes, amigos y sobre todo de elegir disfrutar de nuestros talentos y habilidades. Como en el caso de mi amigo, puede que él no pueda elegir entre los Colegios que él quiere para su hijo, pero si puede tomar todos los días la decisión de hacerle feliz y darle las herramientas para potenciar su éxito.

Usted no puede elegir cambiar la economía, pero le aseguro que puede elegir cambiar la emisora de radio y sin negar la realidad, canalizarla del modo adecuado. Usted no puede evitar que la inflación se coma su salario, pero puede tomar decisiones sabias de qué y cómo comprar lo necesario (si lo consigue).

Entonces, tomemos decisiones, elijamos…siempre vamos a poder hacerlo y no debemos dejar que nos hagan creer lo contrario.

Ángel Mendoza / Abogado

@angelmendozaqui